Cómo responder menos las mismas preguntas sin perder la calidez con el huésped
Hubo una época en la que sentía que mi celular era un buzón de las mismas cinco preguntas: "¿Está disponible para tal fecha?", "¿Cómo se llega sin auto?", "¿Aceptan mascotas?". Las contestaba con gusto, pero a las diez de la noche del quinto día seguido, ya no era gusto, era cansancio.
El miedo que tenía al automatizar
Me daba cosa pensar en "automatizar" algo tan personal como recibir a alguien en mi casa. Sentía que si un mensaje salía solo, perdía esa calidez que tanto me esfuerzo en dar. Pero después entendí que no es lo mismo automatizar todo que automatizar lo repetitivo.
Lo que resolví con mensajes automáticos, y lo que dejé intacto
Lo que automaticé: la info que se repite igual para cada huésped. Los datos para llegar apenas confirman la reserva, un recordatorio con el check-in el día antes, y un saludo cuando se van agradeciéndoles la estadía. Esos mensajes salen solos, siempre a tiempo, y nunca se me olvidan (antes se me olvidaban, y no es lindo que un huésped llegue y no tenga ni la dirección clara).
Lo que no toco, y no pienso tocar: cualquier pregunta puntual de esa persona en particular. Si me preguntan si el perro del vecino ladra de noche, eso lo contesto yo, con mi voz, porque ahí está el trato humano que hace que alguien elija volver.
El resultado
Ahora las preguntas que me quedan para responder son las interesantes: las que hacen que la persona sienta que hay alguien de verdad del otro lado. Las que son siempre iguales, ya están resueltas antes de que las hagan.
Ese ida y vuelta automático es, justamente, lo que resuelve MisHospedajes con los mensajes de bienvenida, check-in y despedida.



